miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Lo qué nos da o lo qué nos deja?

Cada vez que me estoy comiendo una fruta, comienzo, como, creo, lo hacemos todos los humanos, y aún algunos animales, voy seleccionado las semillas, ya sea con la mano o con todo el sistema bucal, porque normalmente estas semillas no tienen el sabor de la fruta, son amargas, duras, otras tienen puntas.
En algún momento me he propuesto recogerlas y prepararlas para sembrarlas, por ejemplo la de la pera, y sembrar un peral hidropónico, o un naranjal, o un mandarinal (¿cómo se denominará un plantío de mandarinas?), y hasta ahora no tengo ninguno de estos cultivos; eso sí he disfrutado una sabrosa naranja, una pera jugosa, una dulce manzana, un delicado aguacate, una nutritiva fresa, una acidodulce mora, ¿y quién no?, y sobre todo en esta tierra maravillosa que Dios nos ha permitido habitar. ¡Costosos casi todos!, claro dependiendo de la época de cosecha. Y ¡cómo algunos insensatos los dejan perder y no los reparten!, porque el sistema de comercialización colombiano de los alimentos perecederos es perverso.
Bueno, lo que quiero decir hoy es que cuando me como una fruta estoy recibiendo un alimento fresco, natural, nutritivo, tanto para mi cuerpo como para mis emociones y sensaciones.
Algunos me los como con la corteza por ser suave, pero a los que tienen esa corteza que nos protege ese tejido jugoso que nos apetece, separo algunas cascaras para hacer una "bebida" medicinal, o como la de la mandarina, me la como y "paso" el sabor fuerte con un buen "casco" de ella misma, y el resto a la basura, y si estoy "juicioso" con el medio ambiente, entonces los selecciono y lo llevo a un lugar donde se pueda utilizar como abono. Pero como normalmente estamos en la ciudad, entonces quedan en una sola bolsa para que la recoja la empresa del aseo. ¿Sí será del aseo?. Bueno en la empresa donde trabajo están los recipientes para poderlos dejar separados, en mi apartamento, NO.
Este esbozo del procedimiento para comer y utilizar una fruta, lo describo, para cuestionarme a cerca de mis comportamientos y hábitos y su afectación con los demás, sobre todo confrontándolo con la lectura bíblica que hoy tuve en la carta del Apóstol Pablo a los Gálatas 5: 22-23 "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza;". Estos versículos de la Palabra de Dios, me dicen que si yo tengo su Espíritu Santo en mi diario vivir, entonces soy un fruto que tengo las características unidas de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Y me pregunto, ¿seré yo un fruto así de apetecible para los demás?. Estaré allí dispuesto para satisfacer a muchos, soy motivo de paz donde actúo, cuál de estas cualidades es mi cáscara, cuál mi semilla?. Porque el fruto nos alimenta y nos deja su semilla para que sigan naciendo nuevos árboles que produzcan nuevos frutos que alimenten a muchos no solo del presente sino de las futuras generaciones...y qué pasa con las especies que desaparecen?, y ¿Quién siembra las semillas? ¿Y en dónde? ¿Y quién los comercializa? ¿Y cómo los comercializa? ¿Y todos podremos "comprar" el fruto que necesitan?. o ¿lo adquirimos gratis? ¿Y en dónde será gratis, o la menos al alcance de nuestros recursos?
Sigamos siendo buenos frutos, para que las especies no desaparezcan. 








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