jueves, 27 de septiembre de 2012


Les comparto esta reflexión del Doctor Ramiro Valencia Cossio.
Sólo estan creciendo nuestras raices, cuando tenemos dificultades.


Reflexión

Por RAMIRO VALENCIA COSSIO

¿Qué tan profundas son tus raíces?

 

No sé de quién es este texto que les comparto. El autor nos invita a observar la naturaleza y a aprender de ella.

“Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo “hobby” era plantar árboles en el patio de su casa. Me pareció curioso que no regara los brotes que plantaba. Pasé a anotar, que sus árboles estaban demorando mucho en crecer.

Un día, le pregunté si no tenía recelo de que las plantas no crecieran. Fue entonces cuando me descubrió su fantástica teoría.

Me dijo que, si regase las plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y esperarían por el agua fácil, que venía de encima. Como no las regaba, los árboles demorarían más para crecer, pero sus raíces tenderían  a migrar hacia lo más profundo, en busca del agua y los nutrientes del subsuelo.

Así, según él, los árboles tendrían raíces profundas y serían más resistentes.   Y agregó que, frecuentemente daba algunas palmadas a sus árboles, con un periódico doblado para que se mantuvieran siempre despiertos y atentos.

Tiempo después fui a vivir a otro país, y nunca más volví a verlo.

Al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un bosque que no había antes. ¡Mi antiguo vecino había realizado su sueño!

Aquel era un día de viento fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si sufrieran el rigor del invierno. Entretanto, al aproximarme al patio del médico, noté como están sólidos sus árboles: prácticamente no se movían, resistiendo estoicamente aquel fuerte viento.

Las adversidades por las que habían pasado parecían beneficiarlos de un modo que el confort y el tratamiento más fácil jamás habrían conseguido.

Todas las noches, antes de ir a acostarme, doy siempre una mirada a mis hijos.

Observo sus camas y veo como han crecido. Frecuentemente oro para que sus vidas sean fáciles, para que no sufran dificultades y agresiones de este mundo…

He pensado, entretanto, que  es hora de cambiar mis ruegos. Es inevitable que los vientos helados y fuertes nos alcancen. Sé que ellos encontrarán dificultades y que mis deseos de que las dificultades no ocurran, han sido muy ingenuos. Siempre habrá una tempestad en algún momento de nuestras vidas.

Lo mejor es orar para que mis hijos crezcan con raíces profundas, que retiren energía de las mejores fuentes, esas que se encuentran en los lugares más difíciles. Pedimos siempre tener facilidades, pero en verdad necesitamos raíces fuertes, de tal modo que cuando las tempestades lleguen resistamos en vez de ser doblados y barridos”.

 

Mi invitación es a que pienses, ante las ventiscas, los ventarrones o los ciclones de la vida… ¿Qué tan profundas son tus raíces?

 

Transcrito de la revista AVIANCA  N°60 marzo de 2010, Página 24.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Lo qué nos da o lo qué nos deja?

Cada vez que me estoy comiendo una fruta, comienzo, como, creo, lo hacemos todos los humanos, y aún algunos animales, voy seleccionado las semillas, ya sea con la mano o con todo el sistema bucal, porque normalmente estas semillas no tienen el sabor de la fruta, son amargas, duras, otras tienen puntas.
En algún momento me he propuesto recogerlas y prepararlas para sembrarlas, por ejemplo la de la pera, y sembrar un peral hidropónico, o un naranjal, o un mandarinal (¿cómo se denominará un plantío de mandarinas?), y hasta ahora no tengo ninguno de estos cultivos; eso sí he disfrutado una sabrosa naranja, una pera jugosa, una dulce manzana, un delicado aguacate, una nutritiva fresa, una acidodulce mora, ¿y quién no?, y sobre todo en esta tierra maravillosa que Dios nos ha permitido habitar. ¡Costosos casi todos!, claro dependiendo de la época de cosecha. Y ¡cómo algunos insensatos los dejan perder y no los reparten!, porque el sistema de comercialización colombiano de los alimentos perecederos es perverso.
Bueno, lo que quiero decir hoy es que cuando me como una fruta estoy recibiendo un alimento fresco, natural, nutritivo, tanto para mi cuerpo como para mis emociones y sensaciones.
Algunos me los como con la corteza por ser suave, pero a los que tienen esa corteza que nos protege ese tejido jugoso que nos apetece, separo algunas cascaras para hacer una "bebida" medicinal, o como la de la mandarina, me la como y "paso" el sabor fuerte con un buen "casco" de ella misma, y el resto a la basura, y si estoy "juicioso" con el medio ambiente, entonces los selecciono y lo llevo a un lugar donde se pueda utilizar como abono. Pero como normalmente estamos en la ciudad, entonces quedan en una sola bolsa para que la recoja la empresa del aseo. ¿Sí será del aseo?. Bueno en la empresa donde trabajo están los recipientes para poderlos dejar separados, en mi apartamento, NO.
Este esbozo del procedimiento para comer y utilizar una fruta, lo describo, para cuestionarme a cerca de mis comportamientos y hábitos y su afectación con los demás, sobre todo confrontándolo con la lectura bíblica que hoy tuve en la carta del Apóstol Pablo a los Gálatas 5: 22-23 "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza;". Estos versículos de la Palabra de Dios, me dicen que si yo tengo su Espíritu Santo en mi diario vivir, entonces soy un fruto que tengo las características unidas de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Y me pregunto, ¿seré yo un fruto así de apetecible para los demás?. Estaré allí dispuesto para satisfacer a muchos, soy motivo de paz donde actúo, cuál de estas cualidades es mi cáscara, cuál mi semilla?. Porque el fruto nos alimenta y nos deja su semilla para que sigan naciendo nuevos árboles que produzcan nuevos frutos que alimenten a muchos no solo del presente sino de las futuras generaciones...y qué pasa con las especies que desaparecen?, y ¿Quién siembra las semillas? ¿Y en dónde? ¿Y quién los comercializa? ¿Y cómo los comercializa? ¿Y todos podremos "comprar" el fruto que necesitan?. o ¿lo adquirimos gratis? ¿Y en dónde será gratis, o la menos al alcance de nuestros recursos?
Sigamos siendo buenos frutos, para que las especies no desaparezcan.